TRES TEMAS

 

  1. Ríos Montt

Su muerte ocurrió hace ya varios días, sin embargo, su vida sigue siendo tema de conversación y material para comentarios en medios de comunicación y redes sociales; por el tono de muchos de ellos -los comentarios- contra él no se buscaba justicia, sino venganza.  El juicio del cual fue sujeto y en el que se emitió una sentencia condenatoria por parte del tribunal presidido por Yassmín Barrios consiguió lo que quienes lo acusaron buscaban: que se le condenara por genocidio.  De entrada, el tipo penal utilizado por sus enemigos causó gran controversia e incluso división entre los propios acusadores (todos, por supuesto, con militancia en la subversión y/o con abierta tendencia ideológica de izquierda).  Algunos activistas y líderes de la izquierda progresista no compartían -claro, no lo decían públicamente- que se le acusara de genocidio; acertadamente, temían que ello fuese a generar una oposición desmedida al juicio en sí y se radicalizase la opinión pública.  Dicho y hecho.  Aunque nunca se sabrá a ciencia cierta, pero es seguro asumir que de habérsele acusado de otro montón de graves delitos (asesinato, ejecuciones extrajudiciales, desaparición forzada, etc.) que de igual forma hubiesen acarreado una larga condena, pero no de genocidio, la oposición no hubiese sido así de férrea y quién sabe si la CC -que posteriormente anuló el proceso a partir del debate por el no cumplimiento de una orden judicial por parte del tribunal- hubiese hecho lo mismo. La obcecación por parte de los izquierdistas de buscar la etiqueta de “genocida” para Ríos Montt -por razones ideológicas, por venganza, pero, sobre todo, por razones económicas- fue lo que eventualmente causó tanta radicalización tanto de acusadores como defensores.  Resulta evidente, a la luz de las normas penales guatemaltecas así como de las normas internacionales en materia penal y de derechos humanos, que los delitos cometidos durante el conflicto armado a manos del ejército -por más horrendos y numerosos que hayan sido- no fueron cometidos con la intención de eliminar totalmente o en parte a un grupo étnico por la razón de su etnicidad. 

Sin embargo y también evidentemente, eso es precisamente lo que ha ocasionado tanta discusión y confrontación; claro que hay personas que creen que si hubo genocidio.  Esa discusión seguirá por mucho tiempo más, y nunca habrá un consenso sobre el tema, lamentablemente.  El día de hoy, 9 de abril, se publica en el editorial de elPeriódico un -sorprendentemente balanceado- historial de su vida política.

Ríos Montt murió, pero no su legado -para sus seguidores- ni su ignominia -para sus detractores-.  Esa figura tan controversial, su vida y su muerte me hicieron recordar el poema que escribió Ismael Cerna y que pronunció ante la tumba de Justo Rufino Barrios quien le había encarcelado:

No vengo a tu sepulcro a escarnecerte,
no llega mi palabra vengadora
ni a la viuda, ni al huérfano que llora
ni a los fríos despojos de la muerte.

Ya no puedes herir ni defenderte,
ya tu saña pasó, pasó tu hora;
solamente la historia tiene ahora
derecho a condenarte o absolverte.

Yo que de tu implacable tiranía
una víctima fui, yo que en mi encono
quisiera maldecirte todavía.

No olvido que en un instante en tu abandono
quisiste engrandecer la Patria mía,
¡y en nombre de esa Patria te perdono…!

 

  1. Juan Carlos Monzón

 

La semana pasada fuimos testigos de la declaración -que continúa- en anticipo de prueba del colaborador eficaz Juan Carlos Monzón, donde relató con sorprendente detalle su participación en la organización criminal denominada “Partido Patriota” que tomó por asalto las instituciones del Estado con la intención de obtener beneficios económicos ilegales; le llamo organización criminal a ese ex partido político, porque a la luz de su testimonio y de otra serie de pruebas que ha presentado la Cicig y el MP, esa fue la verdadera naturaleza de ese “combo” liderado y organizado por la ex vicepresidente Roxana Baldetti y por el ex presidente Otto Pérez Molina. 

Francamente y aunque suene feo, no sorprende -tanto- haber escuchado su relato -aunque el detalle y los alcances resultaron insospechados- sin embargo, si sorprende el grado de involucramiento de algunos connotados empresarios; falta ver si sus acciones son verdaderamente constitutivas de delito -es decir, determinar si hubo quid pro quo– o si se trató de faltas de ética, mas no ilegales acciones producto de la tan usual y lamentable zalamería latinoamericana hacia los políticos de turno.  Determinar una relación de causalidad entre las dádivas o beneficios obtenidos por los ex funcionarios y réditos puntuales por parte de quienes señaló Monzón será determinante.  De no existir esa relación de causalidad, por más inapropiado que sea, no habrá delito que perseguir.  ¡Dura lex sed lex!

 

  1. ¿Radicalización o moderación?

Otra de las noticias más connotadas a nivel latinoamericano ha sido el rechazo de la -segunda- apelación de la condena impuesta a Luiz Inácio Lula da Silva -Lula, de cariño- y su subsecuente ingreso a prisión para cumplir la pena de 12 años de cárcel por actos de corrupción.  Como suele ocurrir, sobre todo en Latinoamérica en donde la radicalización está a la orden del día, sus seguidores señalan de persecución política todo el proceso en su contra; del otro lado, la justicia brasilera ha determinado que no hay nada de eso, sino que es lisa y llana corrupción que fue descubierta y ahora enjuiciada y condenada.  Allá, los “izquierdistas” son los que protestan y acusan a “la derecha” de perseguirlos políticamente.  Acá, ocurre lo mismo, solo que al revés.

En ambos países, es evidente la radicalización y la excesiva politización de la opinión pública y en las redes sociales; o se está de un lado, o se está del otro, no hay posibilidad de posturas moderadas. 

Determinar qué es justo o cuándo se aplica justicia -y no venganza- ha sido siempre tema de controversia; por lo que, en todos los rincones del orbe se le da la facultad de “aplicar” justicia a un tercero que, generalmente, es alguien o alguna institución al que se le otorga o reconoce el ius imperium. 

A pesar de ello, luego de un proceso judicial siempre una de las partes estará inconforme con lo resuelto -la parte vencida por supuesto- y que, a pesar de su inconformidad, deberá acatar, pues no tiene opción. 

En los casos donde se han visto involucrados políticos o personajes con un perfil público, hay que agregarle la complicación que sus seguidores o “fans” manifiestan su inconformidad, a veces incluso con violencia.  Este fenómeno no es monopolio ni de Latinoamérica ni de la época en la que vivimos actualmente; esto se ha dado a lo largo y ancho del planeta y desde tiempos inmemoriales.  Lo que estamos viviendo -tanto en Brasil como acá- es la distorsión que ocasionan los medios de comunicación masiva y la facilidad con que cualquiera tiene acceso a ellos y difunde un pensamiento que inmediatamente se convierte en un “sentimiento” de masa y ocasiona los consabidos problemas que hemos visto, causados por las barras bravas de dichos personajes.  La radicalización en su máximo esplendor.

Aunque a veces algunos llamemos a la moderación como posibilidad de encuentro y de alcanzar consensos -indispensables para la vida en sociedad- lo cierto es que cada vez hay menos “moderados”; los que no estamos ni de un lado ni de otro somos cuestionados y criticados por ambos. 

Hoy, el ex canciller del gobierno eferregista, Edgar Gutiérrez, publica un artículo, también en elPeriódico, en el que toca, desde su perspectiva, este punto. 

De manera “simpática” trata de endilgar toda la responsabilidad de los hechos de corrupción del pasado reciente de Guatemala a los políticos de turno y a la administración del presidente Morales dejando, por un lado -sin mencionarlos siquiera- a los particulares (empresarios o no) que no solo han facilitado, sino propiciado en muchas ocasiones los actos de corrupción.  El ex canciller del gobierno efferegista siempre es muy elocuente en sus escritos, tanto por lo que dice, como por lo que NO dice y de la manera que NO lo dice.  En la aparente estratagema, manifiesta “aceptar” que habrá que esperar a que se termine el gobierno de Morales para que haya un cambio; contrario sensuantes él -y otros activistas de izquierda- pretendían removerlo del poder, ya sea mediante las acusaciones de la Cicig o mediante revueltas populares que lo sacasen de la presidencia.  Las primeras no han pasado el control de los pesos y contrapesos del sistema republicano y los antejuicios en su contra no han prosperado; en el segundo caso, por más intentos que han hecho -y dinero que han gastado- los activistas de izquierda, no han logrado convencer a las masas de que para que Guatemala “avance” hay que remover del poder al segundo presidente chapín al hilo; simplemente no han tenido el poder de convocatoria ni han convencido con sus argumentos desestabilizadores.  Usted puede estar de acuerdo o no, pero esa es la realidad, esos son los hechos fríos y comprobables. 

Claro está que este cambio no ocurre así por así; luego del “cometa Haley” cuando pasó dando ordenes a medio mundo -al presidente, a la Cicig/MP y otros- y el mensaje fue claro: los gringos acá no quieren desestabilización, por el contrario, quieren estabilidad.  Hagan lo que tengan que hacer para procesar a los corruptos -políticos y empresarios por igual- pero con la Ley en la mano y sin el “character assassination” que se ha venido haciendo en contra de medio mundo antes que se les haya vencido en juicio.  El ex canciller del gobierno eferregista, siempre con su oído tan cerca de los corrillos del poder en Washington, también habrá notado un cambio en la forma como la actual administración pretende abordar el problema que les causamos, para decirlo amablemente.  Desconozco cómo ni qué es lo que ha cambiado, ¡pero se ve y se siente! (lo sienten más ellos, claro está)

En mi opinión, Gutiérrez “no dice” lo que quiere transmitir para que se entienda; luego de las repetidas solicitudes del comisionado Velásquez a los “empresarios” que pidan perdón públicamente para que así les vaya mejor en los procesos en su contra -acto público que no se ha dado aun- el mensaje de Gutiérrez es oportuno para que no se “baje la moral” de los muchachones -sobre todo ahora que Monzón mencionó a un par de amigos suyos-.  El mensaje pareciese ser: “muchá, ustedes se pueden salvar siempre y cuando acepten sus culpas; se les darán penas mínimas y toda la ignominia será para los políticos”. La prensa está dividida entre si es conveniente o no “ayudar” a los -empresarios- señalados por Monzón o no. Este es, en mi opinión, algo que ha impedido la cohesión del llamado “frente ciudadano en contra de la corrupción”, la prensa y columnistas de opinión.  Parece que no se han puesto de acuerdo quienes si se salvan y quienes no. ¡Jodido el asunto!

No se, de repente soy demasiado suspicaz y me equivoco; por eso es  que yo le dejo la inquietud, le insto a que lea y saque sus propias conclusiones. Quién sabe, tal vez tiene razón el ex canciller del gobierno eferregista, Edgar Gutiérrez, y lo que hay es maniqueísmo y todo esto son solo teorías de conspiración.  ¡Veremos, dijo lo ciego!

 

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