COLLABORATEUR (y II)

Una vez estuvo establecido el nuevo régimen, comienza a hacer lo que tiene que hacer: erradicar a la oposición; en el caso de la Francia ocupada, significó perseguir a un grupo que no siempre fue uniforme, no siempre coordinado y conformado por variopintas facciones y tendencias ideológicas que se denominó: la resistance (la resistencia).  La resistencia tuvo algunos éxitos, sirvió a los aliados como ojos y oídos en el terreno, pero sirvió también como una suerte de prensa clandestina que proveía información a la población de las actividades en contra de la opresión y de esa cuenta ayudó a los franceses “de a pie” a mantener las esperanzas y no claudicar.  Más que a los ataques furtivos y algunas bombas aquí y allá, los nazis le temían a la resistencia por su función informativa que mantenía vivo el espíritu de lucha en contra del autoritarismo.

En Guatemala, la Cicig, comienza a hacer lo que tenía que hacer luego de 5 años de su instauración y poco a poco ha ido descubriendo lo que ya se sabía -y mucho que no- de la podredumbre (gusaneras le llamó uno de sus promotores) que nos ha tenido gangrenados como sociedad, pero sobre todo como Estado.

Al principio, la persecución se enfocó en determinados sectores y actividades, pero con el transcurso del tiempo y según se profundizaba en las investigaciones, ha llegado a lugares que nadie sospechaba.  Entonces es cuando surge la necesidad de algunas personas y grupos de actuar.  Al ver que cada vez más se acerca la persecución, o ante el conocimiento que ya se han descubierto sus prácticas corruptas del pasado -las de siempre-, los que pueden, corren al centro del poder a buscar colaborar, corren a ser collaborateur. 

Eso paso en la Francia ocupada también; personas que no necesariamente simpatizaban con el fascismo, se acercaron al gobierno de Pétain y le sirvieron con tal de no verse en el lado equivocado.  Buscar protección y beneficio personal es uno de los instintos básicos en la evolución, sin embargo, evidentemente hay consideraciones morales que en una sociedad “civilizada” se deben privilegiar.

A diferencia del Mariscal Pétain que hizo lo que hizo -al inicio por lo menos- para evitar la hecatombe, los de estas latitudes lo hacen por salvar el propio pellejo; si eso contribuye a la edificación de una nueva sociedad, más suave y más jugosa, enhorabuena, pero primero ellos.  Como siempre.

Ubicarse en el lado correcto no es tan sencillo como se pensaría.  ¿Quién, en la Francia de 1940, ante el apabullante poderío alemán -y sin la entrada todavía de Estados Unidos a la guerra- podría, en su sano juicio, pensar que Alemania no ganaría y que impondría regímenes vasallos al Tercer Reich?  Oponerse a ello era firmar la propia sentencia de muerte.  Oponerse a los procedimientos abusivos y en algunos casos violatorios de la Constitución y de la Ley por parte de la Cicig, significa, en las mentes simples, binarias y maniqueas, estar del lado de los corruptos.

Considero importante hacer acá una clarísima diferenciación -más allá de las obvias- entre lo que ocurrió en la Francia de 1940 y en Guatemala de 2008 para acá, pero principalmente desde 2015: La Cicig no es, ni por asomo, cosa similar al Tercer Reich.  Considero importante hacer esa firme aclaración, no vaya a ser que alguna de esas mentes binarias de las que les conté, me acuse de idiotez similar.  La Cicig no invadió Guatemala ni vino impuesta; la Cicig es un artilugio al que Guatemala no solo accedió, sino fuimos quienes lo “pedimos” a Naciones Unidas.  El acuerdo de su creación es producto de varios intentos previos fallidos y al final se consiguió un ente que tiene amplias facultades y ninguna cuentadancia (sic).  La falta de lo segundo y el miedo pánico que ha infundido en distintos sectores de la sociedad ha hecho que las violaciones a la Constitución y las Leyes guatemaltecas, a las que debiese circunscribirse, o pasen desapercibidas por la mayoría de la población -gracias a los medios comparsas- o simplemente ni se comenten por miedo a verse/sentirse por un segundo siquiera como enemigo de la poderosa Cicig.  Por ahí dicen que valentía no es no tener miedo ante las situaciones difíciles; valentía es enfrentarse a ellas a pesar del miedo. 

Como es conocido, el régimen de Vichy y todo lo que representó terminó vergonzosamente; primero, sus integrantes principales fueron sustraídos por el nazismo del territorio francés y luego confinados en Alemania “para su protección”. Así, el nazismo paró deteniendo a los collabourateurs porque ya no le servían.  Cualquier similitud con lo que acá esté pasando -y vaya a pasar-, es mera coincidencia.  La historia está plagada de ejemplos en donde los antiguos serviles huyen cuando el poderoso al que servían desaparece y paran relegados al olvido o a la más absoluta ignominia.

Como era de esperarse, cuando los aliados tomaron el territorio alemán, todo antiguo collaborateur hallado, fue entregado a la “Francia libre” y juzgado; Pétain fue condenado a muerte (aunque su condena fue conmutada posteriormente por de Gaulle); Laval huyó, pero el régimen fascista de España lo entregó a Francia y fue juzgado por traición a la patria.

Acá, la lucha contra la impunidad y la corrupción seguirá y se capturará y procesará a mucha gente de todos los ámbitos antes que pueda hablarse de un cambio en un sentido u otro.  En mi opinión, si la Cicig no procesa de igual manera a sus collaborateurs que estén metidos hasta las narices en corrupción, la credibilidad que tenga se verá derrotada cual ejército francés; si por el contrario, procesa también a sus aliados, se ganará otra “medalla”, pero perderá apoyo entre los que, movidos por el miedo pánico y por el gatopardismo de siempre, momentáneamente apoyan la lucha contra la corrupción, pero ya no lo harán cuando persigan SU corrupción, SUS gusaneras y por más perdón público que pidan -si es que lo hacen- deberán “chupar cana” como el resto.

Los paralelismos que he dibujado hasta ahora no son entre el nazismo, el régimen títere de Vichy, y la Cicig y la lucha en contra de la impunidad y la corrupción; no, el paralelismo que he dibujado es entre algunos franceses de aquel tiempo y algunos guatemaltecos de ahora.  Me parece muy interesante -por no decir lamentable- que a lo largo de la historia siempre haya personas que por mantener privilegios -sociales y/o económicos- y salvar el propio pellejo estén dispuestas a plegarse a lo que en ese momento histórico aparenta ser el lado correcto. 

La lucha en contra de la impunidad y la corrupción es lo que toca, definitivamente.  No solo en Guatemala, sino en todo el mundo, la lucha en contra de la corrupción ha alcanzado estructuras antes intocables; el COI, la FIFA, se ha purgado a la familia real Saudí (aunque de forma autoritaria, como es todo por allá), toda Latinoamérica se ha visto sacudida por la corrupción continental de Odebrecht, y cada día se conocen más casos en más áreas.  No solo es lo que toca, sino es lo correcto, pero colaborar para salvar el propio pellejo y no por convicción es  vergonzoso.  Es deleznable.

Así como los antiguos colaboradores del nazismo terminaron muy, pero muy mal, así pueden terminar quienes por las razones que se sospechan se acercan “oportunísimamente” a la Cicig a ser collaborateurs.  Contrariamente, los miembros de la resistance, perseguidos y eliminados por su oposición, hoy son recordados por su valor y la historia los reconoce, a pesar de la adversidad y de la indiscutible tendencia social y política de entonces, por haber estado del lado correcto de la historia. 

Aquellos que renunciarían a una libertad esencial para comprar un poco de seguridad momentánea, no merecen ni libertad ni seguridad y acabará perdiendo ambas

Benjamin Franklin

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8 Comments

  1. Es increible, pero si uno no esta de acuerdo con algunos procedimientos de la CICIG o del actuar del Procurador de los derechos humanos, uno esta a “favor” de la corrupcion. la prensa tiene que mucho que ver en esto.

  2. …huyen cuando el poderoso al que servían desparece… ¿No es desaparece?
    …deberán “chupar cana” como el resto. ¿No es caña?
    Por lo demás, excelente artículo. Saludos.

    1. Gracias por las observaciones. En el primer caso tiene razón, ya lo he corregido. En el segundo no, esa es la expresión popular (sobre todo en Colombia). Saludos.

    1. Muchas gracias. Eso trato de hacer siempre, sin embargo a veces cuesta despojarse de posiciones y gustos personales. Gracias por leerme!

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